Hay una idea que sigue apareciendo con demasiada frecuencia: que la sexualidad pertenece a la juventud y que, a partir de cierta edad, lo esperable es dejar de sentir deseo o interés por la intimidad. La evidencia disponible no sostiene una visión tan simple.
Envejecer puede modificar la respuesta sexual, la frecuencia de determinadas prácticas y las circunstancias en las que una persona se relaciona. Pero edad no significa asexualidad. El deseo, el afecto, la capacidad de enamorarse, la intimidad, el placer y el interés por el contacto pueden mantenerse durante toda la vida.
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La sexualidad es más amplia que el coito Uno de los errores que más distorsiona la sexualidad en la vejez es utilizar el coito como única medida de actividad sexual. Besarse, abrazarse, acariciarse, masturbarse, compartir intimidad o buscar contacto físico también forman parte de la experiencia sexual. En el estudio poblacional español de Palacios-Ceña et al. (2012), las prácticas más frecuentesentre las personas mayores sexualmente activas incluían besos, abrazos y relaciones vaginales. La frecuencia de algunas conductas disminuía con la edad, pero eso no equivale a la desaparición de la sexualidad.
Esto importa porque una pareja puede reducir la frecuencia de penetración y, al mismo tiempo, aumentar la importancia de las caricias, la ternura o el tiempo compartido. Si solo preguntamos “¿cuántas veces tenéis relaciones?”, perdemos buena parte de la historia.
¿Qué cambios físicos pueden aparecer? La respuesta sexual puede hacerse más lenta. En algunos hombres puede ser necesario más tiempo o estimulación para conseguir una erección completa y el periodo refractario puede alargarse. En algunas mujeres pueden aparecer cambios en la lubricación o molestias asociadas a los cambios genitourinarios de la menopausia. Estos cambios no significan automáticamente disfunción. El problema aparece cuando existe una dificultad persistente, produce malestar o interfiere con la vida sexual que la persona desea tener. Además, atribuir cualquier problema a la edad puede retrasar la detección de enfermedades, efectos secundarios de fármacos o dificultades de pareja que sí tienen tratamiento.
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La salud y la pareja pesan mucho El envejecimiento no actúa de forma aislada. En el estudio español citado, no tener pareja, una peor percepción de la propia salud sexual, presentar varias enfermedades y tomar varios medicamentos se asociaron con una mayor probabilidad de inactividad sexual. Son asociaciones, no pruebas de que una variable cause por sí sola la otra, pero ayudan a entender por qué dos personas de la misma edad pueden vivir su sexualidad de maneras muy diferentes. También importan la historia sexual previa, la calidad de la relación, la comunicación, el estrés, la autoestima corporal, el duelo, la educación recibida y las creencias sobre lo que “debería” hacer una persona mayor. La revisión sistemática cualitativa de Ricoy-Cano et al. (2020) identificó precisamente esa combinación: menopausia, disfunción eréctil y otros factores fisiológicos conviven con estereotipos, religión, cultura y roles de género.
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Menos frecuencia no significa menos satisfacción Es posible que algunas prácticas disminuyan con la edad y, aun así, la experiencia siga siendo satisfactoria. La sexualidad no se evalúa por una cuota semanal. En algunas personas, la madurez aporta ventajas: mayor conocimiento del cuerpo, menos presión por “rendir”, más capacidad para comunicar preferencias o una forma de intimidad menos centrada en objetivos. En otras, el deseo disminuye o pierde importancia. Ninguna de estas trayectorias es, por sí misma, patológica. La pregunta útil no es “¿tengo la frecuencia normal para mi edad?”, sino “¿estoy bien con mi sexualidad actual?”.
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Los mitos también cambian la respuesta sexual Pensar “a mi edad esto ya no toca” puede convertirse en un freno tan real como un cambio fisiológico. Los estereotipos hacen que algunas personas oculten su deseo, eviten pedir ayuda o interpreten una dificultad tratable como una consecuencia inevitable del envejecimiento.
El problema es especialmente evidente en las mujeres mayores, cuya sexualidad ha sido históricamente más invisibilizada. La investigación de Freixas-Farré y Luque-Salas (2014) muestra un abanico amplio de experiencias entre mujeres de 50 a 80 años: desde desinterés hasta satisfacción mantenida o renovada. El autoerotismo, además, seguía presente en distintas edades.
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¿Cuándo conviene pedir ayuda? Merece la pena consultar cuando aparece dolor, cambios bruscos del deseo, dificultad de erección persistente, sangrado, síntomas genitourinarios, malestar importante o cuando una dificultad sexual está afectando a la autoestima o a la relación. Una buena evaluación no debería empezar suponiendo que “es la edad”. Conviene revisar salud física, medicación, estado de ánimo, contexto relacional, sueño, consumo de sustancias, cambios hormonales y expectativas sexuales.
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Adaptarse no es resignarse Adaptar la sexualidad al cuerpo actual puede implicar dedicar más tiempo a la excitación, ampliar el repertorio erótico, utilizar lubricación cuando está indicada, buscar posturas más cómodas, cuidar la salud general o hablar con la pareja sobre qué ha cambiado. A veces el objetivo no es recuperar exactamente la sexualidad de los 30 años. Es construir una que tenga sentido ahora.
En Vincula Tu Mente, si los cambios en tu sexualidad generan preocupación o están afectando a tu relación, podemos valorar juntos qué parte tiene que ver con el cuerpo, con el deseo, con las expectativas o con la dinámica de pareja, y decidir si también es necesaria una valoración médica.
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Preguntas frecuentes ¿Es normal perder el deseo sexual al envejecer? Puede disminuir en algunas personas, mantenerse en otras e incluso aumentar en determinados momentos. La edad por sí sola no permite predecir el deseo. Importan la salud, los fármacos, la pareja, la historia sexual, el estado emocional y las creencias.
¿Tener menos relaciones significa tener una disfunción? No. Una disfunción sexual requiere valorar la dificultad y, sobre todo, el malestar que provoca. Tener menos frecuencia porque se desea menos actividad no es lo mismo que querer tener relaciones y no poder disfrutarlas.
¿La sexualidad sigue siendo importante si no hay penetración? Sí. La sexualidad incluye afecto, intimidad, caricias, masturbación, besos, fantasías y otras formas de placer. Reducirla a la penetración deja fuera buena parte de la experiencia erótica.
¿Qué profesional puede ayudar? Depende del problema. Puede ser necesaria valoración médica, ginecológica, urológica, fisioterapéutica o sexológica. Cuando existen factores de pareja, ansiedad de rendimiento, dolor aprendido o dificultades de comunicación, la terapia sexual puede formar parte del abordaje.
Referencias • Palacios-Ceña, D., Carrasco-Garrido, P., Hernández-Barrera, V., Alonso-Blanco, C., Jiménez-García, R., & Fernández-de-las-Peñas, C. (2012). Sexual behaviors among older adults in Spain: Results from a population-based national sexual health survey. The Journal of Sexual Medicine, 9, 121-129. https://doi.org/10.1111/j.1743-6109.2011.02511.x • Ricoy-Cano, A. J., Obrero-Gaitán, E., Caravaca-Sánchez, F., & De La Fuente-Robles, Y. M. (2020). Factors conditioning sexual behavior in older adults: A systematic review of qualitative studies. Journal of Clinical Medicine, 9(6), 1716. https://doi.org/10.3390/jcm9061716 • Koh, S., & Sewell, D. D. (2015). Sexual functions in older adults. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 23(3). https://doi.org/10.1016/j.jagp.2014.12.002





