Cuando una pareja joven se besa en un parque, suele pasar desapercibida. Cuando la pareja tiene 75 años, el mismo gesto puede provocar sorpresa, ternura infantilizante o incluso incomodidad. Ese doble rasero es una forma de edadismo.
La sexualidad de las personas mayores continúa rodeada de prejuicios. La revisión sistemática cualitativa de Ricoy-Cano et al. (2020) encontró que los estereotipos sobre edad, género y “asexualidad” condicionan la manera en que muchas personas viven y expresan su sexualidad.
Estos son siete mitos que conviene desmontar.
Mito 1. “Las personas mayores ya no tienen deseo”
El deseo puede cambiar, pero no desaparece automáticamente al cumplir una edad. Hay una enorme variabilidad individual. Algunas personas disminuyen su interés; otras lo mantienen y otras viven etapas de mayor libertad sexual.
Confundir menor frecuencia con ausencia de deseo es un error. La falta de pareja, la enfermedad o los fármacos pueden reducir la actividad aunque exista interés.
Mito 2. “Si una persona mayor quiere sexo, está obsesionada”
El deseo sexual en una persona de 70 años no es más inmaduro que en una de 40. Considerarlo impropio puede generar vergüenza y favorecer que dificultades reales no se consulten.
La sexualidad es una dimensión humana, no una conducta reservada a una franja de edad.
Mito 3. “La menopausia termina con la sexualidad femenina”
La menopausia marca el final de la menstruación, no el final de la capacidad de sentir placer. Puede haber cambios genitourinarios, de lubricación o deseo, pero la experiencia es diversa.
Freixas-Farré y Luque-Salas (2014) encontraron desde desinterés hasta satisfacción mantenida o renovada entre mujeres mayores. La pareja, la historia sexual, la salud y la disposición personal eran elementos importantes.
Mito 4. “Si hay una enfermedad crónica, se acabó el sexo”
Algunas enfermedades modifican la respuesta sexual o la energía disponible, pero eso no significa que toda intimidad deba desaparecer. En muchos casos se pueden adaptar prácticas, horarios, posturas o intensidad.
Eso sí: ciertas condiciones médicas requieren orientación profesional. Adaptar no significa ignorar límites de seguridad.
Mito 5. “Sexo significa penetración”
Esta idea perjudica a cualquier edad, pero especialmente cuando la respuesta fisiológica cambia. Si el encuentro solo “cuenta” cuando hay penetración, una erección menos predecible o un dolor vaginal pueden convertir todo lo demás en fracaso.
Besos, caricias, masturbación, sexo oral, masajes o contacto erótico también son sexualidad. Ampliar el repertorio reduce la presión de rendimiento.
Mito 6. “Las personas mayores no necesitan educación sexual”
La prevención no termina con la fertilidad. Las ITS siguen existiendo y puede haber nuevas parejas después de una separación o viudedad. Además, muchas generaciones crecieron con poca educación sexual y pueden sentirse incómodas preguntando por preservativos, pruebas o cambios corporales.
La falta de educación no protege: deja a la persona con menos herramientas.
Mito 7. “Hablar de sexo con una persona mayor es faltarle al respeto”
Lo irrespetuoso es asumir que no tiene vida íntima. Los profesionales sanitarios deberían poder preguntar de forma inclusiva, sin presuponer orientación, pareja o prácticas.
Koh y Sewell (2015) destacan que la sexualidad es uno de los aspectos menos explorados del envejecimiento y que los estereotipos pueden hacer que no se aborden necesidades clínicas importantes.
El impacto real del edadismo
Los mitos no son solo ideas. Pueden cambiar conductas: alguien deja de buscar pareja por miedo al juicio, una mujer no consulta dolor porque cree que “es lo normal a su edad”, o un profesional no pregunta por función sexual y pierde la oportunidad de detectar un efecto farmacológico.
Además, el edadismo se cruza con el género. Históricamente se ha tolerado más el interés sexual de hombres mayores que el de mujeres mayores, lo que añade una doble invisibilización.
La alternativa: preguntar qué quiere la persona
No necesitamos sustituir el mito “las personas mayores no tienen sexualidad” por otro mandato como “todas deben mantenerse sexualmente activas”. Ambos borran la diversidad.
Una perspectiva respetuosa pregunta: ¿quieres tener una vida sexual? ¿estás satisfecho o satisfecha con la que tienes? ¿hay alguna barrera que te gustaría cambiar?
La sexualidad saludable no se mide por edad ni frecuencia, sino por libertad, consentimiento, seguridad y bienestar. Si un cambio te genera malestar, merece ser atendido sin que “ya eres mayor” sea la respuesta final.
Preguntas frecuentes
¿Es normal no tener interés sexual en la vejez?
Sí, siempre que la persona esté cómoda con ello. No desear actividad sexual no es un problema en sí mismo. Se valora clínicamente cuando existe malestar, cambio brusco o deseo de recuperar una sexualidad que se ha perdido.
¿Se puede disfrutar del sexo después de los 70 u 80 años?
Sí. La respuesta sexual puede cambiar y la salud influye, pero la capacidad de intimidad y placer puede mantenerse. Las experiencias son muy diferentes entre personas.
¿Por qué hay tantos mitos sobre la sexualidad de las personas mayores?
Influyen modelos culturales que asocian sexo con juventud, reproducción y belleza normativa. También la falta histórica de investigación y educación sexual en edades avanzadas.
Referencias
Ricoy-Cano, A. J., Obrero-Gaitán, E., Caravaca-Sánchez, F., & De La Fuente-Robles, Y. M.(2020). Factors conditioning sexual behavior in older adults: A systematic review of qualitative studies. Journal of Clinical Medicine, 9(6), 1716. https://doi.org/10.3390/jcm9061716
Freixas-Farré, A., & Luque-Salas, B. (2014). La sexualidad de las mujeres mayores.
Perspectiva evolutiva y psicosocial. Anuario de Psicología, 44(2), 213-228.
Koh, S., & Sewell, D. D. (2015). Sexual functions in older adults. The American Journal of Geriatric Psychiatry, 23(3). https://doi.org/10.1016/j.jagp.2014.12.002





