No existe una cantidad de deseo “correcta”. Una mujer puede pensar poco en sexo, tener pocas relaciones y estar perfectamente satisfecha. Otra puede tener una frecuencia similar y vivirla con angustia porque siente que ha perdido una parte importante de sí misma.

 

La diferencia es crucial: el deseo bajo no se convierte en un trastorno solo porque no encaje con la expectativa de una pareja, una estadística o un ideal cultural.

 

Deseo espontáneo y deseo responsivo

Una de las ideas que más confusión genera es pensar que el deseo siempre debe aparecer antes de empezar cualquier contacto. En algunas personas surge espontáneamente: “me apetece sexo”. En otras aparece de forma responsiva, después de comenzar un acercamiento agradable y libre de presión.

Esto no significa que una persona deba iniciar actividad que no quiere “a ver si luego le apetece”. El consentimiento sigue siendo imprescindible. La idea sirve para entender que la motivación sexual no funciona igual en todas las personas ni en todos los momentos.

 

¿Cuándo merece evaluación?

Un descenso del deseo merece atención cuando es persistente, genera malestar personal y no se explica mejor por un factor evidente que requiere otro tipo de intervención.

 

La ISSWSH propone una evaluación estructurada para el deseo sexual hipoactivo que incluye factores médicos, psicológicos, relacionales y sexuales. No se diagnostica con una analítica ni con una pregunta aislada.

 

Factores que pueden reducir el deseo

 

Entre otros:

• dolor durante las relaciones;

• cansancio y falta de sueño;

• depresión o ansiedad;

• estrés mantenido;

• conflicto o desconexión de pareja;

• experiencias sexuales poco satisfactorias;

• algunos medicamentos;

• cambios hormonales;

• menopausia o posparto;

• imagen corporal;

• presión por rendir o cumplir.

 

Friedmann y Cwikel (2021) encontraron, en un estudio exploratorio, que variables interpersonales, atracción y estresores cotidianos eran consideradas relevantes para el deseo sexual femenino. El diseño no permite establecer causas universales, pero encaja con un modelo multidimensional.

 

La pregunta incómoda: ¿quiero más deseo o quiero que mi pareja deje de presionarme?

 

No toda consulta por “falta de libido” nace de un malestar propio. Algunas mujeres llegan porque la pareja quiere más sexo. Si la persona está cómoda con su nivel de deseo, patologizarla no resuelve la discrepancia.

 

En ese caso el foco puede estar en negociación de deseo, expectativas, consentimiento y dinámica de pareja.

 

Dolor y deseo están conectados

Es difícil desear una experiencia que se anticipa como dolorosa, incómoda o emocionalmente costosa. Antes de intentar “subir la libido”, hay que preguntar cómo son los encuentros sexuales existentes.

 

Si el sexo se vive como obligación, si casi siempre termina en una práctica que no se disfruta o si hay dolor, el bajo deseo puede ser una respuesta comprensible al contexto.

 

Tratamiento: no hay una solución única

 

El abordaje depende de la evaluación. Puede incluir educación sexual, cambios en la relación, terapia sexual, tratamiento del dolor, revisión de fármacos o intervención médica.

 

En determinados casos de deseo sexual hipoactivo, existen tratamientos farmacológicos y hormonales con indicaciones específicas. La guía ISSWSH de 2021 sobre testosterona sistémica subraya que su posible uso requiere selección adecuada, información sobre beneficios y riesgos y monitorización; no se utiliza el nivel de testosterona para diagnosticar por sí solo el trastorno.

 

La idea clave es evitar la receta rápida antes de comprender el problema.

 

Qué puede ayudar a explorar el deseo

 

Más que contar cuántas veces apetece sexo, conviene revisar:

• cuándo sí aparece deseo;

• qué contextos lo favorecen;

• qué experiencias lo apagan;

• si existe presión;

• cómo es la relación con el propio cuerpo;

• qué ocurre durante los encuentros;

• si el sexo actual se parece a lo que realmente se desea.

 

A veces el problema no es “tener poco deseo”, sino tener pocos motivos para desear la sexualidad que se está ofreciendo.

 

Si la falta de deseo te preocupa a ti, no solo a otra persona, una evaluación sexológica puede ayudar a entender qué factores están interviniendo y si hace falta coordinación médica. El objetivo no es fabricar ganas, sino recuperar libertad y bienestar.

 

Preguntas frecuentes 

¿Cuánto deseo sexual es normal?

No existe una frecuencia normal universal. El deseo varía entre personas y etapas. Se valora como problema cuando hay malestar personal persistente y una evaluación indica que requiere intervención.

¿Puedo querer a mi pareja y no tener ganas de sexo?

Sí. Cariño, vínculo y deseo sexual son dimensiones relacionadas pero no idénticas. La falta de deseo no demuestra falta de amor.

¿Los anticonceptivos o antidepresivos pueden influir?

Algunos medicamentos pueden afectar a la función sexual en determinadas personas. No deben suspenderse por cuenta propia; conviene revisarlo con el profesional que los prescribe.

¿La terapia sexual puede aumentar el deseo?

Puede ayudar cuando intervienen factores psicológicos, relacionales o sexuales, y también como parte de un tratamiento combinado. No existe una intervención adecuada para todos los casos.

 

Referencias

• Clayton, A. H., Goldfischer, E. R., Goldstein, I., Derogatis, L., Lewis-D’Agostino, D. J., & Pyke, R. (2018). The International Society for the Study of Women’s Sexual Health Process of Care for Management of Hypoactive Sexual Desire Disorder in Women. Mayo Clinic Proceedings, 93(4), 467-487. https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2017.11.002

 

• Friedmann, E., & Cwikel, J. (2021). Women and men’s perspectives on the factors related to women’s dyadic sexual desire, and on the treatment of hypoactive sexual desire disorder. Journal of Clinical Medicine, 10(22), 5321. https://doi.org/10.3390/jcm10225321

 

• Parish, S. J., Simon, J. A., Davis, S. R., et al. (2021). International Society for the Study of Women’s Sexual Health Clinical Practice Guideline for the use of systemic testosterone for hypoactive sexual desire disorder in women. The Journal of Sexual Medicine, 18(5), 849-867. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2020.10.009