No es lo mismo envejecer hoy habiendo podido vivir abiertamente la propia orientación o identidad que haber pasado décadas ocultándola por miedo a perder trabajo, familia, vivienda, seguridad o atención sanitaria.

 

Cuando hablamos de personas LGTBI+ mayores, la edad es solo una parte de la historia. También importa en qué contexto social crecieron y qué experiencias de discriminación acumularon.

 

La biografía importa

Foglia y Fredriksen-Goldsen (2014) recuerdan que muchas personas LGBT mayores de las cohortes estudiadas en Estados Unidos alcanzaron la adultez cuando las relaciones entre personas del mismo sexo estaban criminalizadas o fuertemente patologizadas. Ese contexto puede dejar huellas incluso cuando la legislación y la aceptación social cambian.

 

Algunas personas aprendieron que ocultarse era una estrategia de seguridad. Décadas después, entrar en una residencia, depender de cuidadores o cambiar de profesional sanitario puede reactivar la pregunta: “¿es seguro decir quién soy?”.

 

Volver al armario en la vejez

Una persona que ha vivido abiertamente puede temer que necesitar cuidados suponga perder control sobre su identidad. No es una preocupación absurda si ha sufrido discriminación previa.

 

El artículo de Foglia y Fredriksen-Goldsen describe cómo el sesgo no consciente en atención sanitaria puede afectar la comunicación y la toma de decisiones. Un ejemplo sencillo es asumir que una mujer tiene marido antes de preguntar quién es su pareja.

 

Las preguntas inclusivas reducen ese problema: “¿tienes pareja?” en lugar de “¿tu marido…?”, o “¿quién es tu persona de apoyo?” en lugar de presuponer un modelo familiar.

 

Las familias elegidas pueden ser centrales

Para algunas personas LGTBI+ mayores, amistades, exparejas y comunidad han funcionado durante años como red de cuidado. Es lo que a menudo se denomina familia elegida.

 

Muraco y Fredriksen-Goldsen (2016), en entrevistas con adultos lesbianas y gays mayores de 50 años, encontraron que relaciones, trabajo, salida del armario y pérdidas fueron puntos de inflexión importantes. Entre hombres gays aparecía además con fuerza el impacto histórico del VIH/sida en parejas y redes de amistades.

 

Estas experiencias no pueden generalizarse a toda la población LGTBI+, pero muestran por qué las redes sociales y la historia comunitaria son relevantes al planificar cuidados.

 

No todo es vulnerabilidad

Hablar solo de discriminación también sería reduccionista. Los estudios describen resiliencia, redes comunitarias fuertes, orgullo identitario y estrategias desarrolladas a lo largo de décadas.

 

Una intervención respetuosa no trata a la persona LGTBI+ mayor como alguien

necesariamente frágil. Pregunta qué recursos tiene, quién forma parte de su red y qué experiencias previas necesita que el profesional comprenda.

 

Sexualidad sin presuponer prácticas

La atención sexual también debe evitar estereotipos. Ser gay, lesbiana, bisexual o trans no permite deducir prácticas sexuales, número de parejas, anatomía, riesgo de ITS o necesidades médicas.

 

La evaluación debe partir de preguntas concretas y relevantes. Del mismo modo, una persona mayor LGTBI+ puede tener vida sexual activa, no tenerla o no querer hablar de ella. La inclusión no consiste en obligar a revelar identidad, sino en hacer que sea seguro hacerlo si resulta relevante.

 

Qué deberían cuidar los profesionales

• lenguaje que no presuponga heterosexualidad;

• respeto por nombre, pronombres e identidad;

• reconocimiento de parejas y redes elegidas;

• confidencialidad;

• preguntas sobre experiencias de discriminación cuando sean clínicamente pertinentes;

• no atribuir automáticamente el malestar a la identidad sexual o de género;

• entender que la historia social puede influir en la confianza hacia instituciones.

 

Cuando la terapia puede ser útil

Una persona puede llegar a consulta por duelo, soledad, dificultades de pareja, sexualidad, ansiedad, trauma o envejecimiento, no “por ser LGTBI+”. La orientación o identidad forman parte del contexto, pero no deben convertirse automáticamente en el problema.

 

Un espacio afirmativo permite hablar sin explicar o defender quién se es. Si experiencias de discriminación, pérdidas, aislamiento o cambios vitales están afectando a tu bienestar o a tus vínculos, la terapia puede trabajar sobre esas necesidades desde una perspectiva de diversidad y ciclo vital.

 

Preguntas frecuentes

¿Las personas LGTBI+ mayores tienen necesidades diferentes?

Comparten muchas necesidades con el resto de la población mayor, pero algunas han acumulado experiencias específicas de discriminación, ocultación o rechazo institucional que pueden influir en salud, redes y confianza.

¿Qué es una familia elegida?

Es una red de personas significativas que cumple funciones de apoyo, cuidado y pertenencia más allá de la familia biológica o legal. Puede incluir amistades, exparejas y miembros de la comunidad.

¿Por qué algunas personas mayores no cuentan su orientación a profesionales sanitarios?

Puede influir el miedo al rechazo, experiencias previas de discriminación o décadas de aprendizaje de que ocultarse era más seguro. El entorno profesional debe construir confianza y no exigir revelaciones innecesarias.

¿Ser LGTBI+ aumenta por sí mismo los problemas de salud mental?

La identidad no es una patología. Las desigualdades en salud se relacionan con factores como discriminación, estigma, violencia, aislamiento y barreras de acceso, junto con otros determinantes de salud.

 

Referencias

• Foglia, M. B., & Fredriksen-Goldsen, K. I. (2014). Health disparities among LGBT older adults and the role of nonconscious bias. Hastings Center Report, 44(S4), S40-S44. https://doi.org/10.1002/hast.369

• Muraco, A., & Fredriksen-Goldsen, K. I. (2016). Turning points in the lives of lesbian and gay adults age 50 and over. Advances in Life Course Research, 30, 124-132. https://doi.org/10.1016/j.alcr.2016.06.002